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martes, 11 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia

De niña mis juegos eran a la escuelita, me gustaba ser la maestra, jugaba con gises, de pizarrón tenía las paredes o la banqueta de mi casa, en la preparatoria sabía que quería ser maestra, me llamaba la atención preescolar, luego mi maestro de cálculo, el profe. Martin me inspiro, sus clases eran el motivo de mi puntual asistencia a todas ellas y hasta hoy lo que más disfruto es impartir cálculo, también recuerdo a mis compañeros de preparatoria, iban a mi casa y yo les ayudaba a estudiar, cuando estábamos en el examen, yo me preocupaba mas por su desempeño que por el mío, después de entregar mi examen los esperaba y les preguntaba ¿cómo nos fue?, en algunos sus calificaciones mejoraban, para mí era un logro en conjunto, me daba mucho gusto, y fue cuando decidí que quería ser maestra de matemáticas. Yo nací en Chihuahua capital, pero muy pequeña mi familia se movió a Nuevo Casas Grandes, también en el estado, una ciudad más tranquila, en aquel tiempo tenía que salir de Casa Grandes para poder continuar con mis estudios universitarios, ya que solo había un tecnológico y las carreras no me gustaban. Luego en Cd. Juárez me informaron que estaba la carrera de Licenciatura en la enseñanza de las matemáticas y no dude en sacar ficha, hacer el examen y cuando me dijeron que si había sido aceptada, pues me vine a radicar a esta ciudad. Cuando estaba en sexto semestre la universidad modificó su matrícula curricular, planes de estudio, nombre de carreras, por lo que mi carrera cambio a Licenciatura en Matemáticas, donde el plan de estudios fue un desastre, no conforme con mi perfil, me matriculé en la Maestría en Matemática Educativa, donde aún continuo mis estudios, todo mi desempeño ha sido dando clases de matemáticas, trabajé un tiempo en secundaria, también me gustó trabajar con ellos, sin embargo me siento como pez en el agua en la medio superior. No me imagino en otro trabajo, haciendo otra cosa, hay maestros que me preguntan que, por qué no estudié una ingeniería, de esa manera hubiera ampliado mi campo laboral, y yo les digo, que ¡más amplio no lo podía tener!, enseñar a otra persona lo que se, hay millones de personas a mi alrededor, ¡imagínense cuanto trabajo tengo! y que además me paguen por hacer algo que disfruto, sin duda no cambio mi profesión. Mi satisfacciones son muchas, cuando me topo a mis alumnos y me presentan a sus padres y estos agradecen la atención para con sus hijos, cuando me encuentro exalumnos y me saludan con agrado, el hecho de que me recuerden de esa manera me es gratificante, platicar con ellos y saber que ya están ejerciendo o que continuaron con sus estudios en nivel superior, otros que ya se casaron, saber que formaron una bonita familia, que son padres responsables realmente me llena, alumnos que odiaban las matemáticas y que al fin de semestre cambia sus concepciones, alumnos que me dicen, lo que usted nos enseñó lo estoy utilizando en mi carrera de ingeniería, saber que aporto a la sociedad, un poquito de lo que me da, es realmente satisfactorio.
Como todos, en cualquier profesión, reniego, me enojo con mis autoridades, con nuestro gobierno, me da coraje que nuestros gobernantes no le apuesten a la educación, que saque reformas de escritorio, espero sinceramente que esta no sea una más, y para averiguarlo, necesito conocerla, por eso estoy por aquí. También veo con tristeza que nuestros jóvenes viven en desaliento no ven un buen futuro y cómo? si en su familia, en su entorno, en su país, observan que no hay oportunidades. Les platico a ustedes que, hace unos días llevé a un alumno Guillermo a Cd. Chih. a recibir un premio, su premio por tanto esfuerzo, por ganar concursos no solo aquí en el país, sino internacionalmente, por representar dignamente al país, su premio fue una computadora, no cualquiera, era según nuestras autoridades seminueva, yo diría que era una vergüenza, sinceramente era un aparato obsoleto que incluso le faltaban tornillos y por poco se nos cae, yo no tenía cara para mirar a los padres de familia y a Guillermo, no puede ser que se utilice la bondad, el servicio sincero y limpio, carente de ambiciones que tienen nuestros alumnos, para asuntos políticos. En fin, luego nos dicen que nosotros los maestros somos los culpables, que somos unos flojos, que buscamos cualquier pretexto para no trabajar, todas estas cantaletas, me parecen, injustas, porque si alguien trabaja somos los maestros, no diré que todos, hay quien de plano, no se compromete con su profesión, y no solo con eso, sino con nada. El gremio se ha conformado no ha dicho nada, por eso creo que, es tiempo de aceptar que tenemos errores y enmendarlos, para que la tarea diaria de cada uno de nosotros dignifique nuestra profesión.
Dulce